lunes, 12 de octubre de 2015

JORNADA 4: TÁBARA - SANTA MARTA DE TERA (13/09/2015)

A las 7:15 empezó a sonar música clásica por los altavoces, consiguiendo que tuviéramos un bonito despertar. Cuando nos levantamos ya estaba preparado el desayuno: café con leche, zumo, tostadas, galletas, magdalenas y mermelada de moras, hecha por José Almeida, el hospìtalero.

Una vez que estuvo todo preparado para salir,  después de pensarlo mucho, decidí que mi donativo sería de 20 € (hay que apoyar a los albergues con estas iniciativas y no dejar que desaparezcan por falta de medios) y lo deposité en el buzón al efecto. Ojalá cada vez haya más albergues como éste, el Camino sería mucho más auténtico. José nos hizo una foto de grupo y nos despedimos con un abrazo. Fue una pena tener que dejar este albergue, pero el Camino me esperaba.

A pesar de tener pilas nuevas, el GPS no iba bien. Aún estando en movimiento, marcaba un mapa fijo, así que tuve que resetearlo. Funcionó; la pena es que Santiago y yo ya llevábamos casi un kilómetro andando y se perdieron estos datos. Nada importante, desde luego.

Íbamos por caminos de tierra, todo a base de subidas y bajadas, aunque bastante llevaderas.








A la altura del kilómetro 11 hay un cruce en que el camino se divide en dos: hacia la derecha se va a Bercianos de Valverde y siguiendo de frente se llega a Villanueva de las Peras. Nosotros seguimos de frente. Delante nuestro iban dos estadounidenses que, de vez en cuando, me he venido encontrando por el camino, aunque nunca en los albergues. Supongo que, como hacen bastantes extranjeros, se alojan en hoteles y casas rurales.






En Villanueva de las Peras paramos en un bar cuyo dueño es el mismo del albergue privado, para tomarnos un refresco y un bocata. 



El dueño del bar nos regaló una pequeña linterna con publicidad del albergue y, como estaba nublado, le pregunté si llovería. Me dijo que no, que no le parecía que fuera a llover. No llevábamos ni un kilómetro andando cuando empezó a llover (no escarmiento ¡para qué preguntaré!) y tuvimos que ponernos el equipaje de lluvia. No llovía intensamente, pero sí de manera constante, aunque no duró demasiado.








Llegamos sin problemas a Santa Croya de Tera, cruzamos el puente sobre el río Tera (el segundo río de mi Camino) y, una vez cruzado, ya estábamos en Santa Marta de Tera.





El albergue es nuevo y está muy bien. Al principio solo estábamos Santiago y yo y, un poco más tarde, apareció Daniele, el peregrino italiano que habíamos conocido en el albergue de Tábara.

En el albergue no había cobertura y, para hablar por teléfono, había que ir a la plaza, que también tenía wifi gratuito. 

Salí a dar un paseo y a hacer fotos de una de las joyas de todos los Caminos de Santiago: una escultura de Santiago Peregrino, de una belleza espectacular, que está considerada como la imagen más antigua que existe del Apóstol como peregrino.




Cuando la tarde ya estaba avanzada llegaron dos ciclistas, así que ya éramos cinco en el albergue.  Un poco más tarde, apareció el alcalde a inscribirnos en el registro y a cobrar, claro.

Sin internet, el albergue se hace aburrido, así que Santiago y yo fuimos a dar otro paseo. De regreso al albergue, nos pilló una anciana y nos contó un montón de anécdotas, del pueblo, de su familia, de peregrinos, etc. Tiene 96 años y está mejor de salud que yo...¡y con unas ganas locas de hablar!



Cenamos en el bar Stop, en la misma plaza del pueblo, un plato combinado consistente en huevos fritos, patatas fritas y lomo adobado. Al día siguiente, el bar no abría hasta las 9 de la mañana, así que compré 2 sobres de Colacao y 2 donuts para desayunar, y la dueña tuvo el detalle de regalarme 1 brick de leche.

Una vez en el albergue, estuve repasando la ruta con Daniele, que no llevaba guía ni ningún tipo de información. Le vi tan perdido que le regalé la información que yo tenía impresa de las etapas que faltaban. Tenía la sensación de que le hacía más falta a él que a mí que, al fin y al cabo, llevo GPS.

Antes de acostarme me estuve dando friegas en brazos y piernas de alcohol de romero, ya que tenía un montón de picaduras que me producían muchos picores. Supongo que algún insecto, ácaro o quién sabe qué, se puso las botas conmigo.


RESUMEN DE LA JORNADA


Distancia recorrida: 23,6 kilómetros

Altitud máxima: 811 metros

Altitud mínima: 729 metros

Ascenso acumulado: 258 metros

Descenso acumulado: 286 metros

Velocidad media: 3,57 km/h

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